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Ilustre Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias

 

Dar sentido a la vida.

pg. 125-126, “Latidos Cofrades”, Fco. García-Calabres Cobo. Ed. MIC. 2001

Nos encontramos en el pórtico del tercer milenio de la era cris­tiana, en los albores de un nuevo siglo caracterizado, sobre to­do, por los avances de la ciencia y la técnica, por unos sistemas informáticos que nos permiten conocer en segundos lo que ocurre en cualquier lugar del mundo, que permite a los seres humanos comunicarse en mayor medida, una sociedad que produce y vende, donde la persona es más herramienta de tra­bajo y sujeto de consumo que un corazón que late y un alma que siente.
Y en esta realidad, de sociedad del bien-estar por encima del bien-ser, en este imperio de lo efímero como lo llama el soció­logo Gilles Lipovetsky, donde se acomoda la increencia y el hedonismo, llega de nuevo la Semana Santa, con sus imágenes sagradas, sus exornos florales, sus bordados, sus cortejos peni­tenciales, sus bandas de tambores y cornetas. Pero sobre todo, llega la Semana Santa cargada de fe en el Resucitado, de espe­ranza en el hombre. Viene la Semana Santa para hacernos pre­sente otro código de valores, para dar otro sentido a la vida, el único que da plenitud y realiza al ser humano. No es un hecho histórico que conmemoramos anualmente; ni una fiesta cultu­ral que nos trae unos días de vacaciones; es ante y sobre todo la expresión de la religiosidad de un pueblo, en cuyo seno se conforman y nutren las hermandades y cofradías, la expresión de una fe sencilla, no sofisticada, pero arraigada y profunda, como la fe de aquélla hemorroísa que toca el manto de Jesús, o del ciego o el cojo que pide la sanación al Nazareno.
Qué pensará esta sociedad ante los Crucificados que mueren perdonando o los Divinos Maniatados por el pecado del hom­bre ó las Dolorosas de amor quebradas; pero sobre todo qué pensará ante miles de hombres y mujeres que se movilizarán en nuestra ciudad para acompañar con veneración, devoción y respeto a Cautivos y Nazarenos, junto a sus Vírgenes en la ma­yor concentración social que cada año se repite; qué decir ante los pies descalzos que andarán en plegaria las calles de la ciu­dad; ante los rostros anónimos bajo el cubrerrostro; ante el sudor del generoso esfuerzo costalero; ante las cruces porta­das sobre cuerpos frágiles....
Los cofrades caminamos en las sociedad de hoy, pero con otro paso, otras miras, con otro sentido, concibiendo al ser humano como hermano, como imagen y semejanza de Dios más que por su valor productivo; poniendo nuestra esperanza en la gra­cia del Padre; realizándonos en plenitud con la vivencia de nues­tra fe. Así, la vida florece y tiene sentido. Esa proclamación de fe sentida, ese anuncio evangélico del amor por encima de todo, esa catequesis plástica de la imaginería, del testimonio de miles de cofrades, y esa forma de expresión fecunda y barroca que penetra por los sentidos, es nuestra Semana Santa.

 

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