

El día 3 de abril comenzó la Novena a Ntra. Sra. De las Angustias. Como cada año, los comisarios, al finalizar el rezo, nos reunimos en la sala de Pasos para comenzar los ensayos. Y, como cada año, sólo unos pocos se consideran comisarios... Quince, o quizá veinte nos encontramos ensayando ese día. Pero, a medida que avanzaba la Novena, más gente se unía a nosotros. Ya , no sólo los que cargan, sino también aquellos que en un futuro nos darán el relevo. Los últimos días, cinco o seis niños nos acompañaban a los ensayos, aprendiendo, empapándose de lo que debe hacer un hermano de carga. La Semana Santa comenzaba ahí... Porque, si bien es cierto que, la Novena se toma como inicio de esta, para mi el verdadero inicio es el momento en que, en esa Sala de Carrozas, nos juntamos a ensayar. Quizá esto llegue al pensamiento del que lee esta carta como una falta de religiosidad, y quizá si lo ha llegado a pensar, es porque no conoce esos momentos en los que el hermanamiento se hace patente entre los cofrades. Ese día, vuelve por su casa, nuestra cofradía, el hijo pródigo que ha desaparecido desde el año anterior. Y en ese momento, sin reproches, la Cofradía le vuelve a abrir sus brazos un año más.


Más tarde, el Viernes de Dolores, es la Reina de los Cielos, la que, por encima de todos luce en ese Traslado, que, a pesar de ser un acto íntimo es seguido y apreciado por muchas personas, que cada año asisten a él. Para dar paso así al Sábado de Pasión, día en el que la Virgen queda expuesta para el Solemne Besapié custodiada por los Hermanos Comisarios que la velan sin descanso todo el día. A las diez de la noche se da por finalizado el Besapié, y a los que se dan prisa todavía pueden llegar a ver al Cristo de las Cinco Llagas visitar alguno de los conventos que recorre, a los que no, sin duda, por lo menos su entrada en la Iglesia de San Quirce y Sta. Julita.


Y es mañana de Domingo de Ramos. El Señor está a punto de hacer su Entrada Triunfal en Jerusalén y los niños, que participarán en su acogida, en una de las dependencias de nuestra Penitencial desayunan un chocolate que les dará fuerzas para aguantar todo el recorrido portando sus palmas. Este año la cantidad de niños era asombrosa. Esos momentos en los que piensas que la Semana santa, que la Cofradía se desvanece pasan a ser pesadillas olvidadas. Por la tarde, toda la Penitencial se llena de trabajo, unas mujeres limpian hachones, y enseres procesionales, y casi cualquier cosa que cae en sus manos... Mientras a la nave central van llegando las andas guardadas durante el año. Las del Carbonero en el portal de la Casa de Hermandad, y las de la Virgen, las del Yacente y las del Paso Grande en la Sala de Carrozas. En la nave se van montando los pasos, este año llama la atención el montaje del paso Grande, ya que lo montábamos por primera vez. Todos se montan sin problemas. Mientras, aquellos niños que iban a los ensayos corretean y juegan entre los que trabajan en los montajes, a veces incordian, pero nunca llegando a molestar, incluso ayudando en pequeñas cosas, que a ellos les llena de orgullo, siempre vigilados por el incansable Manolo. El montaje acaba los cuatro pasos están en el Altar Mayor, la iglesia toma otro color, parece una iglesia distinta. Paso Grande, Virgen de las Angustias, Cristo de los Carboneros y Cristo Yacente, situados, colocados, como actores tras las bambalinas esperando su pie para salir a escena. Una escena trágica, pero en la mente de todos está el final feliz de la Resurrección.


Lunes Santo, día de calma en la penitencial, no hay mucho trasiego en la casa de Hermandad hasta que llega la tarde. Momento en el que cofrades con sus túnicas y ataviados con la muceta bajan a la iglesia para participar en el rezo del Via Crucis de la Cofradía. Fuera, en la calle, ha comenzado a sonar por megafonía la música que antecede a la salida de la Procesión del Santo Rosario. Tambores que redoblan mientras se acercan a la Penitencial de la Vera Cruz. Prácticamente cuando acaba el Via Crucis, en la calle comienza el rezo del Sto. Rosario. La Oración en el Huerto, Atado a la Columna, Ecce Homo, Camino al Calvario, Crucifixión del señor, y Nuestra Sra. De la Vera Cruz están en la calle. Casi no da tiempo a ver entrar a la Virgen en su templo y salimos corriendo para ver salir al Cristo de la Buena Muerte de la iglesia de Sta. María de la Antigua. Algunos hermanos aprovechan a cenar algo en la hamburguesería cercana, otros siguen el recorrido para no perderse ni un segundo de procesión. Otros, mientras, están con su hábito participando en ella. Una vez finaliza, los que han salido en la procesión, escoltados por el resto regresan a la iglesia, y unos y otros en el portal de la Casa charlan de lo ocurrido durante la procesión.


Pero ya es Martes Santo, y nuestra Hermandad tiene hoy una, muy querida y esperada procesión, El Encuentro de Jesús con su Madre en la calle de la Amargura. A las siete y media de la tarde comienza el ajetreo. Hay unas mujeres colocándose la mantilla en la Sala de Juntas, cofrades vistiéndose en el Salón de Cabildos, la banda de Iscar en la Sala de Pasos y entre todos ellos unos cuantos ataviándose la faja para no quebrantarse los riñones debajo del Paso. Últimas indicaciones para los más despistados, ya a las nueve menos cuarto se abren las puertas. La banda de la Sagrada Lanzada, que ha estado esperando fuera, comienza el desfile tras la Cruz Alzada Y mientras la Cofradía comienza a salir, la banda de Iscar toca el Mater Mea. La cruz guía, la bandera, el estandarte de la Virgen, los niños y a ambos lados filas de cofrades portando sus hachones. Las mujeres ataviadas con sus mantillas preceden a la presidencia y detrás, como en una nube, al son del himno nacional, sale del templo la Madre de todos ellos. Unos dulzaineros la agasajan con la Salve, cómo avisándola de lo que ocurrirá en la calle... La Virgen sube por la calle Arzobispo Gandásegui, “todo de un tirón!” piden los porteadores y así se hace, la Virgen no para en toda la cuesta. La plaza de la Universidad, calle Librería, y al fondo se atisba ya al Cristo que, con la Cruz a cuestas, se dirige al monte Calvario. En la plaza Sta. Cruz se encuentran cara a cara la Madre y el Hijo, Ella intenta seguirlo, pero los cofrades, en un intento de separarla del Dolor la alejan de Su Hijo, para que no vea Su sufrimiento. La Madre llora mientras vuelve a Su casa, y con ella todos nosotros. Su primera tentación es entrar en su casa, pero siempre se da a la vuelta para mirarnos a todos y cada uno de nosotros, mientras la banda de la Sagrada Lanzada hace sonar las Bulerías en san Román, como intentando animarla. La Cofradía se recoge en torno a su Madre y se da por finalizada la procesión. Ya es imposible ver salir al Atado hacia la Pilarica porque mientras la Virgen entra Él ya está saliendo. Así que le esperamos en la iglesia, ya que como cada año, vendrá a visitar a su Madre. Y con un acto pequeño, íntimo, en el que casi avergüenza interponerse entre ambos termina el Martes Santo de este año.


En la mañana de Miércoles santo las autoridades visitan a Nuestra Señora. En tiempos, tanto las autoridades civiles, militares y eclesiásticas acudían puntualmente a esta cita. Pero eso ya pasó a la historia. Ahora, tan sólo, las militares vienen a la penitencial, pero eso no quita renombre y cierto sabor “rancio” a este acto. Tras él limonada de hermandad, en la que se habla de la procesión del Martes, o de la venidera de Regla. Se habla de la cantidad de rosas que adornan la carroza de la Virgen, del “nuevo paso”, de las galas colgadas en las casas de la calle... Transcurre la tarde, los alcaldes con su junta de gobierno, acompañados por otros cofrades van a tomar café con las camareras de la Virgen, que celebran una comida todos los Miércoles Santos. Y a las siete todos en el Salón de Cabildos, porque tiene lugar la reunión de Comisarios. Este año se necesita más de ellos, ya no tienen que sacar tres pasos son cuatro este año y el esfuerzo será ímprobo. Casi no da tiempo a rezar las preces finales porque ya llama a la Puerta el Nazareno. Nuestra Señora sale a la puerta para dar por finalizada la procesión del Via Crucis, que partió de la iglesia de Jesús a las ocho y media, y tras pasar por sus catorce estaciones repartidas por las calles de Valladolid llega a la puerta de su Madre. Una vez despedida la procesión comienza un reguero de procesiones. A las diez y media la del Arrepentimiento que, este año, visitará nuestra iglesia., a las doce la Piedad, la de Paz y Reconcilización, la Peregrinación del Consuelo. Todas las calles huelen a incienso. Pero esto no es más que un preludio de lo que ocurrirá al día siguiente, Jueves Santo.


A las once y media de la mañana parte de parte de la capilla de Sta. Cruz el Cristo de la Luz alumbrado por su cofradía. Sus porteadores han de arrastrar, casi, las andas por el suelo para poder sobrepasar la angosta puerta del Palacio. Es un momento espectacular en la Semana. Pero hay que volver en breve al Salón de la Cofradía, para asistir a la Junta de Hacienda. A las cinco los Santos Oficios, el Alcalde Antiguo es hoy cuando recibe uno de los máximos honores. Custodiará hasta el día siguiente la llave del Sagrario, colgándosela al cuello. El Jesús de la Esperanza visita a la Virgen, como despidiéndose de ella antes de que el trágico final comience a tomar cuerpo. Junto a la Cofradía pasan distintas procesiones, la de la Amargura, la de Oración y Sacrificio y poco más podemos ver porque la Procesión de Regla está a punto de comenzar. Muchos nervios contenidos, es la Procesión “grande” de la Cofradía. Nada puede fallar. Esta vez no hay mantillas, pero las mujeres que el Martes vistieron su mantilla ahora lucen sus túnicas para acompañar a la Señora. Las cuadrillas de los pasos están preparadas, aunque, siempre a última hora se nos unen unos cuantos voluntarios. Todo está preparado, y a la una de la mañana en la calle de las Angustias resuena, de nuevo, el Mater Mea. El paso del Cristo va primero, por delante de él el llamador con su campana avisa a los transeúntes del paso de la cofradía. Detrás va el Paso Grande seguido por el Yacente son los tres pasos de Misterio de la Cofradía. La banda se interpone entre ellos y Ntra. Sra. De las Angustias. En la Calle Zapico se entremezclan los sones de la banda de Iscar con las cornetas de la procesión de la Vera Cruz, que se está guardando. Impresiona ver en la calle a mi cofradía, con cuatro pasos a hombros, cosa que hace 12 años parecía imposible. La calle Regalado se hace dura para los porteadores, las fuerzas comienzan a faltar y, todavía, queda largo trecho por recorrer. Aún así, la entrada a la S.I. Catedral es ordenada y entrañable. Ver avanzar los pasos dentro de la Catedral es algo que con palabras no se podría describir, saca a cada uno de nosotros sentimientos que no salen en ningún otro momento de la Semana. A las cuatro y media de la madrugada el Cristo, el Yacente y el Paso Grande esperan a la puerta de la iglesia a la Virgen, que con su peculiar y elegante paso entra en la iglesia para dar por finalizada la procesión. No han terminado de entrar los pasos y, ya, el mayordomo de la virgen está haciendo los preparativos para convertir sus andas en carroza. Se quitan las patas de las andas que son sustituidas por ruedas, preparada ya para la Procesión General. Pero cuando esto acaba son, ya, las seis o seis y media de la mañana. Unos se van a casa, otros nos vamos en “comitiva” a una chocolatería cercana a tomar un chocolate, para reponer fuerzas. Tras el desayuno reconfortante la gran mayoría se va a casa, a descansar. Otros, sin embargo, acudimos a ver salir la Procesión de Sacrificio y Penitencia de la iglesia de Jesús. Esta es una procesión poco conocida, pero con un carácter distinto y propio. Ya las fuerzas no dan más de si... Otros años no nos perdíamos los caballos del Pregón de las Siete Palabras frente al Palacio Arzobispal, este año el sueño pudo con nosotros.


A las cinco de la tarde del Viernes Santo tienen lugar los Santos Oficios, segundo día del Triduo Pascual. Durante este acto se lleva a cabo la representación del Entierro de Cristo, acto este con poca tradición pero con mucha aprobación y emoción por parte de la gente que asiste a la Penitencial esta tarde de viernes. Y comenzó a granizar, la calle de Alonso Berruguete parecía nevada por la gran cantidad de granizo que cayó. Tras el granizo una fuerte tormenta arrojó tanta agua sobre Valladolid que las arquetas de nuestra Casa de Hermandad no dieron a basto y rebosaron, inundando todo el portal y la Capilla de Nuestra Madre. Otra vez tengo que hablar de los niños, puesto que ellos fueron los que, ataviados con escobas y fregonas, achicaron el agua de las dependencias penitenciales, siempre con Manolo a la cabeza. La lluvia no paraba, empezaban aparecer nervios, presidentes de diversas cofradías se reunieron en el Salón de Cabildos. La Procesión General había sido suspendida. Minutos después fue la Junta de Hacienda de la Cofradía la que suspendió la de la Soledad. Pero los vallisoletanos no podían quedarse sin despedirse de la Señora de la ciudad. Así, pues a las diez de la noche la Virgen salió al atrio para recibir esa despedida presidida por el Excmo. Arzobispo de la Diócesis. Y acababa así otra Semana Santa. Casi sin darnos cuenta, pasó otra Semana Santa...