22 de Marzo Domingo de 2020.

DOMINGO IV DE CUARESMA. EL CIEGO DE NACIMIENTO (Jn 9, 1-38)

[1] Al pasar vio un hombre ciego de nacimiento. [2] Los discípulos le preguntaron: —Rabí, ¿quién pecó para que naciera ciego? ¿Él o sus padres? [3] Jesús contestó: —Ni él pecó ni sus padres; ha sucedido para que se revele en él la acción de Dios. [4] Mientras es de día, tenéis que trabajar en las obras del que me envió. Llegará la noche, cuando nadie puede trabajar. [5] Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo. [6] Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva, se lo puso en los ojos [7] y le dijo: —Ve a lavarte en la alberca de Siloé –que significa enviado–. Fue, se lavó y volvió con vista. [8] Los vecinos y los que antes lo habían visto pidiendo limosna comentaban: —¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna? [9] Unos decían: —Es él. Otros decían: —No es, sino que se le parece. Él respondía: —Soy yo. [10] Así que le preguntaron: —¿Cómo [pues] se te abrieron los ojos? [11] Contestó: —Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo que fuera a lavarme a la fuente de Siloé. Fui, me lavé y recobré la vista. [12] Le preguntaron: —¿Dónde está él? Responde: —No sé. [13] Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego [14] –era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos–. [15] Los fariseos le preguntaron otra vez cómo había recobrado la vista. Les respondió: —Me aplicó barro a los ojos, me lavé, y ahora veo. [16] Algunos fariseos le dijeron: —Ese hombre no viene de parte de Dios, porque no observa el sábado. Otros decían: —¿Cómo puede un pecador hacer tales señales? Y estaban divididos. [17] Preguntaron de nuevo al ciego: —Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos? Contestó: —Que es profeta. [18] Los judíos no acababan de creer que había sido ciego y había recobrado la vista; así que llamaron a los padres del que había recobrado la vista [19] y les preguntaron: —¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve? [20] Contestaron sus padres: —Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; [21] cómo es que ahora ve, no lo sabemos; quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Preguntadle a él, que tiene edad y puede dar razón de sí. [22] Sus padres dijeron esto por temor a los judíos; porque los judíos ya habían decidido que quien lo confesara como Mesías sería expulsado de la sinagoga. [23] Por eso dijeron los padres que tenía edad y que le preguntaran a él. [24] Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: —Da gloria a Dios. A nosotros nos consta que aquél es un pecador. [25] Les contestó: —Si es pecador, no lo sé; una cosa me consta, que yo era ciego y ahora veo. [26] Le preguntaron de nuevo: —¿Cómo te abrió los ojos? [27] Les contestó: —Ya os lo he dicho y no me creísteis; ¿para qué queréis oírlo de nuevo? ¿No será que queréis haceros discípulos suyos? [28] Lo insultaron diciendo: —¡Discípulo de él lo serás tú!, nosotros somos discípulos de Moisés. [29] De Moisés nos consta que le habló Dios; en cuanto a ése, no sabemos de dónde viene. [30] Les replicó: —Eso es lo extraño, que vosotros no sabéis de dónde viene y a mí me abrió los ojos. [31] Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que escucha al que es piadoso y hace su voluntad. [32] Jamás se oyó contar que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. [33] Si ese hombre no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada. [34] Le contestaron: —Tú naciste lleno de pecado, ¿y quieres darnos lecciones? Y lo expulsaron. [35] Oyó Jesús que lo habían expulsado y, cuando lo encontró, le dijo: —¿Crees en el Hijo del Hombre? [36] Contestó: —¿Quién es, Señor, para que crea en él? [37] Jesús le dijo: —Lo has visto: es el que está hablando contigo. [38] Respondió: —Creo, Señor. Y se postró ante él. 

Son muchas las ideas que me gustaría compartir con cada uno de vosotros.
Gracias a todos los que me habéis contestado estos días agradeciéndome mi acompañamiento.
Sí, estamos viviendo los Misterios Dolorosos.

A pesar de todo, volvemos a exclamar: «Omnia in bonum»
«todo es para bien».
La Liturgia de estos días y la Misa de hoy nos da unas cuantas ideas que voy a desarrollar brevemente:
Con frecuencia la Palabra de Dios nos dice:
-«Escucha, escucha Israel…» ¿Qué me está diciendo con el
Coronavirus?
Dios nos habla… escuchemos su voz…
no endurezcamos el corazón…
Le pedimos: Señor crea en mí un corazón nuevo:
CONVIÉRTEME. (Que yo vea lo que quieres de mí

-El Salmo Responsorial nos dice:
«El Señor es mi Pastor, nada me falta».
¡ Cuánta paz da este salmo 22 en medio de esta «pandemia).

-La segunda lectura de San Pablo a los Efesios, nos dice que SOMOS LUZ.
QUE VIVAMOS COMO HIJOS DE LA LUZ… (Que se nos note estos dias
viviendo aislados o en familia).

-El Evangelio nos habla del Ciego de Nacimiento.
Jesucristo le devuelve la vista.

Comenta el Papa Francisco: «Con este milagro Jesús se manifiesta a nosotros como luz del mundo; y el ciego de nacimiento nos representa a cada uno de nosotros, que hemos sido creados para conocer a Dios, pero a causa del pecado somos como ciegos, «todos necesitamos una luz nueva»; la de la fe, que Jesús nos ha dado. Nosotros hemos sido iluminados por Cristo en el Bautismo, y por ello estamos llamados a comportarnos como Hijos de la Luz. Y comportarnos como Hijos de la Luz exige un «cambio radical» de mentalidad, una capacidad de juzgar hombres y cosas según otra escala de valores, que viene de Dios. El Bautismo exige la elección de vivir como hijos de la luz y caminar en la luz. Si ahora os preguntase: ¿ Creéis que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Creéis que puede cambiaros el corazón? ¿Creéis que puede hacer ver la realidad como la ve ÉL, no como la vemos nosotros? ¿Creéis que él es la luz, nos da la verdadera luz?».¿Qué significa tener la verdadera luz, caminar en la luz?¿Estamos a veces a oscuras?»(Llevemos a la oración estas reflexiones del Papa)

Jesús Mateo. Sacerdote